Señor, no dejes que sea víctima del orgullo cuando triunfo, o de la decepción cuando fracaso. Señor, hazme comprender que el estar dispuesto a perdonar es uno de los mayores signos de fuerza; y que el deseo de venganza es una clara manifestación de la debilidad. Señor, si he herido a mi prójimo, dame el valor de excusarme; si las personas me han hecho daño, dame el coraje del perdón. ¡Señor, si yo no olvido, no me olvides Tú! Dios mío, ante Tí no tengo otra recomendación que tus favores, ni otra mediación que tu cariño. Ante la gente te invoco y te digo: ¡Dios mío!; pero cuando estoy solo contigo te digo: ¡Amor mío!.
No hay comentarios:
Publicar un comentario